en Agricultura ecológica

Agricultura ecológica: ciclo del nitrógeno

Hace poco os hablamos de la rotación de cultivos y de la lucha biológica como método de control natural de plagas. Hoy queremos explicaros otro de los principios de la agricultura biológica: el respeto de los ciclos del suelo, y en concreto, el ciclo del nitrógeno.

La naturaleza tiene sus propios ciclos que hacen que todo funcione en correcto equilibrio. Algunos que todos conocemos son el ciclo del agua (lluvia-ríos-evaporación…) y el ciclo del oxígeno y el CO2: las plantas transforman por el día el CO2 en oxígeno, fundamental para el resto de formas de vida. De esta forma se regulan las necesidades de los ecosistemas, cerrando círculos.

En los suelos, los alimentos necesarios para las plantas se rigen también por sus propios ciclos. Uno de los más importantes es el ciclo del nitrógeno. Este compuesto, que se encuentra en el aire, es necesario también en la tierra para las plantas. Pero necesita estar combinado con otros elementos para que las plantas puedan aprovecharlo. ¿Y cómo llega a estar ahí?

Cuando una planta o un animal mueren o sus desechos (hojas, excrementos…) van a parar al suelo, con el tiempo y el trabajo de bacterias e insectos se descompone y pasa a formar parte de la tierra y sus nutrientes. Entre ellos, el nitrógeno. En la naturaleza este ciclo ocurre de forma natural.

¿Y en la huerta? En la huerta se hace necesaria la utilización de un lugar para elaborar compost: un lugar aparte donde se depositan los residuos que acabarán transformándose en tierra rica en nitrógeno muy necesaria para fertilizar los suelos de manera natural.

Otro de los métodos fundamentales para respetar el ciclo del nitrógeno es la rotación de cultivos. Algunas plantas, como las leguminosas, tienen en las raíces unas bacterias que son capaces de transformar el nitrógeno, que las plantas toman del aire, en nitrógeno útil en el suelo; es lo que se llama fijar el nitrógeno.

La temporada siguiente, en el suelo que ocupaban las leguminosas (alfalfa, guisantes, judías…) se deberán plantar otras hortalizas que necesiten un suelo rico en nitrógeno para crecer fuertes y sanas. De este modo se logra que el huerto ecológico trabaje en equilibrio, respetando el ecosistema y sin agotar los recursos naturales del suelo.

Sin una correcta rotación de cultivos y un fertilizado natural a  través de compost, se hace necesario agregar a los suelos fertilizantes químicos, ricos en nitrógeno y otros nutrientes, que serán siempre imprescindibles a medida que los nutrientes naturalmente presentes en el suelo se vayan agotando del todo.

Publicado por: Ana Gómez
Imagen: EpSos