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Crumble con esas frutas que se ponen pochillas

¿No sabes qué hacer con esa fruta que está aburrida y a punto de ponerse pocha? (Bueno, incluso la que está algo pochilla; ¡aquí no se tira nada!). La respuesta es sencilla: ¡haz un crumble! Fácil, rápido, delicioso.

El crumble es una receta tan sencilla tan sencilla que casi no califica como receta, es más una tecnología ancestral. Bueno, algo parecido. La idea es sencillísima; cortas la fruta en trozos pequeños, la espolvoreas con un poco azúcar y la recubres con una mezcla rústica (o sea, basta, hecha migas) de harina, mantequilla y azúcar, en proporción 3, 2, 1. Lo metes al horno y ya está.

Lo que sucede en unos 40-50 minutos de horno moderado es que las migas de harina y mantequilla (crumb en inglés es miga) crean una costra dulce y tostada que sella la fruta, que se va compotando debajo con el calor. Nadie se resiste al mordisco de un buen crumble casero; tostado y crujiente por encima, dulce y jugoso por debajo (si lo acompañas con un poco de helado de vainilla o nata, ya es el acabose.

Una vez que entiendas el funcionamiento básico, puedes incorporar tus variaciones personales. Puedes usar todo tipo de frutas y combinarlas (piensa en algunas jugosas como peras o manzanas, sobre todo cuando están blanditas, mezcladas con otras ácidas y sabrosas, como bayas); ponerle toques especiales, como un poco de jengibre o, como en Mumumío, unas deliciosas castañas en almibar, aquí y allá. A la corteza le puedes dar también un toque muy bueno añadiendo copos de avena (como nosotros hemos hecho) o bien trocitos de avellanas o nueces. El azúcar moreno se encuentra en su salsa en esta receta.

Receta de crumble (para una fuente de unos 20-25 cm de diámetro)

Para el relleno:
500 g de fruta (manzanas, peras, mandarinas, kiwis, plátano… ¡cabe todo!)
Un par de cucharadas soperas de azúcar moreno para espolvorear
Nuestro toque: castañas almíbar de Salamanca (nos encantan: cremosas y deliciosas)

Para la corteza:
180 g de harina
90 g de mantequilla
60 g de azúcar moreno
Nuestro toque: un buen puñado de copos de avena
(Si te gusta mucho la corteza, puedes poner más cantidad, a lo loco)

Precalienta el horno a 200º (vamos a montar todo mientras se calienta el horno: pimpanpún). Pela la fruta y córtala en trozos uniformes de 2 cm de lado y ponla en la fuente de horno; espolvorea un par de cucharadas de azúcar moreno y revuélvelo. Nosotros usamos la deliciosa fruta ecológica de nuestras cestas. En un bol amplio, frota con las manos la harina, mantequilla y azúcar (y unos copos de avena o trocitos de nueces, si quieres), hasta que queden unas migas uniformes, en un par de minutos está listo. Dispón las migas en una capa uniforme sobre la fruta… y mételo al horno durante 45-50 minutos, hasta que veas como sale por algún escape de la corteza el sirope de la fruta confitándose, hirviendo dulce y delicioso.

Aviso: la casa olerá de miedo; no somos responsables de si se te plantan tus vecinos más gorrones a la puerta, ding dong.