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El mundo del queso en Mumumío

En Mumumío el queso nos vuelve locos. Pero no somos los únicos. Anualmente, en el mundo entero se elaboran 18 millones de toneladas de queso. ¡Eso es mucho queso!

Y es que desde hace miles de años, prácticamente en todas partes donde ha existido ganadería se ha producido queso, como una manera de conservar la leche. Para hacer queso tan sólo hace falta leche (de vaca, oveja, cabra, búfala…) a la que se añadirá un cuajo, animal o vegetal. Tras prensarlo para extraer el suero y salarlo, obtendremos una conserva que no sólo no empeora con el tiempo, si no que va perdiendo peso (lo que lo hace más fácil de transportar) y va ganando en sabor e intensidad.


Pero además, el queso conserva, a pesar del tiempo, casi todas las propiedades de la leche: el calcio y el fósforo (tan esenciales para el crecimiento y los huesos) y las vitaminas y proteínas de la leche hacen de él un complemento esencial en la dieta, aportando muchos de los nutrientes más importantes que forman parte de la alimentación.

El tipo de leche empleado, el cuajo, la sal, otros complementos como hierbas o pimentón, el proceso y tiempo de secado, ahumado o prensado que se utilice, la presencia de hongos como en el caso del queso azul… serán lo que determine el sabor y características de los miles de tipos distintos de queso que podemos encontrar el en mercado. Por eso podemos disfrutar de quesos tan diferentes, desde los quesos frescos (leche cuajada y casi sin prensar) a estupendos quesos curados que pueden dejarse madurar hasta varios años.

Es prácticamente imposible hacer una lista de todos los quesos que existen. Tan sólo en España (y eso que Francia produce más), podemos encontrar más de 200 variedades diferentes, 23 de ellos con Denominación de Origen, como el queso Manchego, la Torta del Casar, el queso de Cabrales, el queso de Tetilla, el Idiazábal, el queso de Burgos… quesos de todos los tipos, texturas y sabores, procedentes de cada rincón de nuestro país.

¿Quieres descubrir distintas variedades y disfrutar de todo el sabor del queso sin moverte de casa? No lo pienses más, prepara una tabla de quesos. Aquí tienes algunos consejos para una degustación perfecta:

– Debemos elegir quesos de texturas, intensidades e incluso colores diferentes, para hacer una tabla atractiva a la vista y al paladar.

– Podemos hacer la elección según su procedencia, como quesos nacionales, o internacionales… o simplemente elegir los que más nos gusten. También podemos dejarnos sorprender por la selección del “Club del Queso”, una opción interesantísima para los amantes del queso.

– A la hora de comerlos, debemos empezar por los más suaves: un queso fresco o requesón, o un queso tierno de vaca, para ir subiendo poco a poco de intensidad y que el sabor de unos no camufle a los otros.

– Pasamos poco a poco a quesos más fuertes, pero aún de textura blanda, tal vez alguno untable y suave.

– Vamos saboreando así los quesos hasta llegar a los más curados, de oveja o cabra, más intensos, dejando el queso azul para el final, con ese sabor tan rico, incluso picante, que no nos dejaría saborear el resto de variedades.

– Nuestra tabla de quesos se merece estar acompañada de un buen pan, no debemos escatimar en esto. También unas frutas frescas como las uvas, son un complemento estupendo, ya que ayudan a refrescar el paladar con un toque limpio. Los frutos secos o alguna conserva (como el membrillo o un pickle o chutney) también son un buen acompañamiento.

– Ya tan sólo nos falta maridar el queso para que llegue a niveles de exquisitez estratosféricos: una tabla de quesos pide a gritos un poco de vino. Los quesos más suaves combinan muy bien con vinos blancos y rosados frescos, con un toque de acidez. A medida que vamos subiendo de intensidad, el paladar nos puede pedir un tinto, con más cuerpo cuanto más viejo sea el queso. Los azules más picantes pueden maridarse también con vinos dulces o rancios.