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Tónicas para hacer nuestros gintonics

El gin se está convirtiendo, casi, en una religión para los sibaritas. Tanto si es para tomar después de la comida -se dice que un gintonic es la bebida más digestiva, por efecto de la tónica-, como para una copa larga a primera hora de la noche, cada vez existen más opciones: con limón, con pepino, con ginebras aromatizadas,…

Sin embargo, uno de los elementos del famoso gintonic que más se están desarrollando últimamente son, seguramente, las tónicas. ¿Por qué? Muy sencillo: la tónica es el elemento que te puedes encontrar en mayor proporción en un gintonic, y por lo tanto es el más susceptible de alterar -para bien o para mal-, el sabor de este cóctel.

Hasta hace poco la característica más estimada de las tónicas era precisamente su falta de sabor, las burbujas y, en todo caso, su ligero amargor, gracias a la presencia de la quinina, que hacía del gintonic una bebida refrescante y digestiva.

No es que ahora no se aprecien estas características: existen tónicas en el mercado, como la Tónica 1724, que se caracterizan por su pureza en ese sentido. Es una de las más apreciadas porque respeta el sabor “académico” de la tónica.

Pero además están surgiendo una nueva gama de tónicas que busca, además, ofrecer una combinación interesante, un matiz nuevo que aportar al gintonic, como la Tónica Fever Tree, que está triunfando por su suavidd y sus ligerísimos aromas a cítricos, lo que la hacen más fresca. No en vano combina aceites de naranja de Tanzania exprimidos manualmente, azúcar de caña, agua de manantial y quinina de la mejor calidad obtenida del árbol de Chinchona.

¿Y qué tónica elegir? Esa es, seguramente, la pregunta del millón. La variedad de ginebras y tónicas, y la diferencia de sabores que nos pueden ofrecer unas y otras es tal, que nos obliga a ir probando hasta encontrar el punto justo de sabor en cada uno de los elementos del gintonic. Habrá quien le guste algo más amargo, o más ácido, o más suave, o aromático. Hasta ahora los amantes del gintonic habíamos buscado ese matiz personal en la ginebra; ahora, en cambio, tenemos que partir de la tónica adecuada, y combinarla con una ginebra que potencie o atenúe el efecto de la tónica.

¡Tenemos gintonic para rato!