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Breve historia de la cerveza

La cerveza es una de las bebidas más populares que existen, pero ¿Desde cuando es así? Hace más de 6000 años que se fabrica, aunque las primeras cervezas se parecían  muy poco a lo que conocemos ahora como cerveza.

Hay quien dice que, como en muchos otras casos, la primera cerveza surgió por casualidad. Un pan de cebada húmedo que acabó por fermentar de forma natural y soltando un líquido aromático que gustó tanto que se siguió repitiendo el proceso para lograr cerveza de manera artificial.

Sea verdad esta historia o no, lo cierto es que los antiguos egipcios, que atribuían su invención al propio Osiris, elaboraban cerveza de una forma similar: se preparaban unos panecillos de cebada que a medio cocer, se desmigaban y dejaban fermentar en agua durante días. El resultado, claro, era un líquido espeso y con grumos, que a menudo que se bebía a través de una especie de pajitas para filtrarlo.

A lo largo de los tiempos y las culturas, la cerveza fue empleada con diversos fines: como medicina, parte de la alimentación, ofrenda religiosa, bebida para las tropas, salario, bebida permitida a los frailes durante sus periodos de ayuno… y poco a poco fue extendiéndose por toda Europa, a pesar de que para los romanos era “bebida de pobres” y ellos preferían el vino, bebida que hasta entonces era la reina de la mayor parte de países europeos.

Tras fuertes heladas consecutivas que asolaron las cosechas de uva en gran parte de Europa, la cerveza se convirtió en la bebida más conocida y popular. Es por ello que en países como Alemania, Austria, Bélgica… la cerveza tiene más fama y tradición que el vino.

Llegó a ser tan popular que los elaboradores de cerveza no estaban obligados a luchar en la guerra. Sin embargo, debían acompañar a las tropas para que nunca les faltaran suministros. ¡Ya por entonces sabían lo que era bueno!

Durante la Edad Media, la cerveza fue evolucionando hasta convertirse en una bebida muy similar a la que conocemos ahora. Uno de los mayores avances fue la adición de malta, granos de cereal un poco germinados, que son tostados a distinta intensidad para dar más o menos sabor y tonalidad a los distintos tipos de cerveza.

La elaboración de la cerveza de mejor calidad estaba entonces reservada a los conventos, donde podían producir una cerveza más elaborada y sabrosa; en las casas se preparaba también cervezas a base de agua, cebada y lúpulo, aromatizándola con plantas y hierbas, mucho más baratas y de menor calidad. Sin embargo, con la implantación de la Reinheitsgebot, o Ley de Pureza de la Cerveza por Guillermo IV de Baviera en 1516, la fabricación de la cerveza se reguló y tan sólo podía fabricarse con agua, malta de cebada y lúpulo, lo que limitó su producción pero logró unas cervezas de mucho mejor calidad (a la vez que llenó las arcas del emperador, que cobraba unos impuestos enormes por las cosechas de cebada).

En España, aunque hay indicios del consumo de cerveza en la zona de Soria hace más de 3000 años, fue Carlos I en el siglo XVI quien se encargó de que esta bebida se popularizara. Hizo traer a los mejores maestros cerveceros de Alemania para que elaboraran su propia cerveza, e incluso cuando se retiró al monasterio de Yuste no dejó atrás sus cervezas.

Lo que está claro es que la cerveza, a lo largo de la historia, ha encandilado a todos los pueblos. Hipócrates “la cerveza es un calmante suave que apaga la sed, facilita la dicción, fortalece el corazón y las encías”, Platón “Era un hombre sabio aquel que inventó la cerveza”, Benjamin Franklin “La cerveza es la prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices”. Muchos son los personajes célebres que la han alabado…

Reina indiscutible de terrazas y acompañante de las tapas que tanto caracterizan nuestra gastronomía, la cerveza ha sabido ganarse el hueco que se merece en nuestro país. ¿Cual es tu preferida?

Publicado por: Ana Gómez
Fuentes: Mis viajes por la historia / Revista virtualpro / Wikipedia
Imagen: Cambridge Brewing Co.

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