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Cervezas Sagra son expertos conocidos en este mundillo cervecero. Para conocer un poco más la historia de Sagra, nos tenemos que remontar a “La tienda de la cerveza”. Una web que se dedicaba a la venta de cerveza artesanal por Internet. A partir de ahí, se detecta un interés creciente del consumidor español por encontrar nuevas cervezas diferentes a las industriales. Con este punto de partida, hace algo más de un 5 años nace Sagra. Desde el principio contaron con la experiencia y buen hacer de Bob Maltman, su maestro cervecero. Él y Carlos García empiezan con el sueño.

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Hablamos por tanto de una empresa pequeña, con el gusto por las cosas bien hechas y con mucho amor por el preciado líquido dorado. Una buena organización es la base de su trabajo pero, aún así, la producción se ve marcada por las ventas de cada una de sus referencias, lo que hace que, hoy día, siga siendo imprevisible.

Cuentan con una fábrica de 1.500 m2, lo cual, para una cervecera artesanal ¡es bastante! Allí, quien maneja los hilos es Bob. Bob y su experiencia de más de 20 años elaborando cerveza artesanal en Estados Unidos y México.

En su primer año, de la fábrica de Numancia de la Sagra, salieron unos 70.000 litros de cerveza. cada año se superan y hoy son una de las fábricas de referencia en cerveza artesana.

Con estas cantidades, nos surge una duda… ¿alguien se ha caído alguna vez en un tanque? Podría ser algo así como el sueño de Homer Simpson, nadar en cerveza, uuum… pero Carlos nos quita el deseo de la cabeza. En la realidad de Sagra, es imposible acabar dentro de un tanque. Mientras la cerveza fermenta, el tanque está cerrado y al limpiarlos, bueno, no entraríamos por la puerta… En cualquier caso, casi mejor borrar esa imagen. No sería algo idílico. Un tanque, cuando está en fermentación, genera gas y nos podría asfixiar, así que… como que nos olvidamos.

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El mundo cervecero está lleno de anécdotas con un puntito friki. Coleccionistas, hay de todo lo que se nos pueda ocurrir (¡y hasta de lo que no!). De chapas y etiquetas de cerveza, a montones. En Sagra, un buen día se presentó un paisano, coleccionista obseso de chapas, pero buscaba algo concreto: chapas sin usar. Le prometieron el preciado tesoro. Sólo tenía que esperar unos minutos. Mientras en Sagra embotellaban, al buen hombre le entró el ansia y se arrojó al suelo a coger las chapas que iba encontrando. Trataron de decirle que no se preocupara, que le iban a dar chapas, nuevas y limpias; pero no, el hombre confesó: ¡las chapas mojadas tienen más valor!