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El peral es un árbol maravilloso y la pera una fruta estupenda, qué duda cabe, pero en este caso me importa un pimiento. Bueno, basta de líos, he de ser preciso, ¡por dios!, estoy hablando de un queso, de un pedazo de queso; queso La Peral de Asturias, aunque entre sus fans también es conocido con otro nombre: el Roquefort de Asturias. Ahí es nada.

La semana pasada este jabato fue elegido como uno de los Mejores Quesos Españoles de 2011 en la Semana de los quesos de España, que se celebró en el madrileño mercado de San Antón. Dijeron de él, atención que si se lee rápido uno no se entera, que tiene unas excelentes cualidades organolépticas, y se quedaron tan anchos. Venga, traduzco: cualidades organolépticas son las relativas al sabor, textura, olor y color. Pero todos sabemos que uno no se convierte en campeón siendo un simple organoléptico. Este queso, además, es de pasta compacta, firme, sin ojos (menos mal, qué susto si no), pero blando al corte y untuoso. Presenta un color pajizo surcado de vetas azul-verdosas (repito, es de Asturias no de otro planeta). Tiene una textura fundente en la boca, con un sabor intenso y persistente, ligeramente salino y un poco picante. Se comercializa en piezas cilíndricas, de caras planas, en tres tamaños distintos: 400 gr, 800 gr y 2.200 kg. El queso La Peral se elabora con leche de vaca a la que se añade el cuajo. Tres generaciones de una familia del municipio de Illes lo llevan elaborando desde 1923, ¡y nosotros lo tenemos en Mumumío! Es uno de nuestros tesoros, no desde 1923, sólo de unos poquitos años después.

Origen imagen: Vegajardín