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¿Qué tienen en común el pa amb tomàquet, el gazpacho y bloody mary? Sí, todos ellos deberían elaborarse a partir de tomates  que sepan a algo. Esta frase se ha convertido no sólo en un clásico de madre sino en algo habitual para cualquiera de los que nos acercamos en busca del tomate perfecto. Pero, ¿por qué parece que no saben a nada? En Mumumío os damos respuestas y algunas alternativas.

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Existen tomates para todos los gustos, desde el clásico tomate liso de ensalada, el tomate pera, el tomate raf, y hasta tomates ¡rosas! Los sabores de este producto, tan presente en nuestra cotizada dieta mediterránea, varían en intensidad y dulzor. La respuesta ante esta falta de sabor es sencilla, el tomate sufre los efectos de la conocida como ‘mutación u’; esta pequeña modificación genética realizada en los años 50 hizo que los tomates se conservaran durante más tiempo y que tuvieran un mejor aspecto, pero también trajo consigo un pequeño efecto secundario: la pérdida de la proteína GLK2 y por tanto, la pérdida total de su sabor. Es por esto que esos tomates brillantes que parecen sacados de un anuncio, suelen llevarnos a una gran decepción.

Aunque ha pasado mucho tiempo, en Mumumío no damos nuestro brazo a torcer y seguimos buscando otras opciones además de la resignación a la insipidez. Para combatir esto, os proponemos buscar en productores ecológicos que luchan por conservar el sabor de sus alimentos y ofrecer al consumidor la mejor calidad. Y si además eres de los que les gusta el tomate en todas sus formas, aquí te dejamos algunas ideas para desayunar, aderezar tus platos o merendar de manera sana y natural.