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“Antes de tener la finca no sabía ni cómo podar un árbol, ahora tengo 1749 árboles de pistacho, que cultivo yo mismo”

“Toda mi familia trabaja en Finca La Rosala. Trabajamos juntos, vivimos juntos y básicamente nos pasamos el día juntos”

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Una herencia inesperada y una idea tan peregrina como brillante, fueron los detonantes para que Pedro y su familia empezaran a cultivar frutos secos y crearan Finca La Rosala.

Pedro

Pedro se había dedicado toda su vida a un negocio totalmente distinto. Creó una empresa de electrónica en la que trabaja desde hace más de 20 años, y que ahora compagina con su trabajo en la finca.

Hace ocho años Pedro y su mujer heredaron una extensión de tierras de 10 hectáreas en Calzada de Calatrava, Ciudad Real .“Nos vimos con una finca vacía en medio de Ciudad Real y comenzamos a pensar en el uso que podríamos darle a ese espacio. En un primer momento pensamos en cultivar olivo y cereal, que era el cultivo más común en el campo de Calatrava, pero ambos cultivos tienen poca producción”

Entonces empezaron a buscar por Internet opciones diferentes. Descubrieron que en Ciudad Real hay una escuela que estudia el pistacho. Fue entonces cuando Pedro empezó a investigar sobre el producto y a asistir a cursos para aprender técnicas de poda, cultivo y abonado.

En un primer momento la familia de Pedro no le veía ningún futuro a sus ideas. “Mi familia me decía que mis investigaciones y los cursos que hacía no iban a servir de nada, pero es que a mi me encanta aprender y descubrir cosas nuevas.”

De forma paralela aparece en esta historia la figura de Angelito, un pastelero de la zona, amigo de la familia, que tostaba en su obrador frutos secos con recetas pasteleras tradicionales de Calzada de Calatrava.

Cuando Angelito el pastelero se jubiló se ofreció para enseñar a Pedro sus técnicas de tueste del fruto seco. “Vino un día a mi oficina y me dijo que quería enseñarme sus técnicas. Me metió en su horno y me enseñó todo lo que sabía. Recuerdo sus frutos secos como una delicia inigualable”

Lamentablemente, solo dos meses después de que le comenzara a enseñar sus técnicas el pastelero falleció. Ese fue el punto de inflexión en el que Pedro se decidió por empezar a cultivar y tostar sus propios frutos secos.

La finca de Pedro

Pedro decidió plantar una cosecha de 10 hectáreas de árboles de pistacho (o pistacheros). Pero lo que plantaron no eran árboles comunes de pistacho, sino una especie traída desde Estados Unidos que aguanta mejor el agua y tiene una resistencia de hongos mayor que la especie española.

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“Fuimos los pioneros en Castilla La Mancha en tener este producto. Me entusiasmó muchísimo y ahora mis árboles tienen ya casi 7 años”

Pedro recalca que el árbol del pistacho necesita 7 años para ser un árbol maduro ya que es una plantación con un lento desarrollo y esto se acaba reflejando en el precio final del producto. Para que el árbol de la mayor cantidad de fruto posible, Pedro riega cada árbol con 100 litros de agua diarios. De esta manera se produce hasta un 20% más. Es decir, que Pedro necesita 174.000 litros de agua al día para toda su plantación.

Poco a poco fueron innovando y comprando otras variedades de frutos para tostarlos en sus hornos. Actualmente tienen más de 25 productos diferentes con frutos secos como almendras violeta, pipas picantes, avellana con fresa, nuez pecana con miel, cacahuete dulce…

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Aunque Pedro nos advierte: “El cacahuete no es un fruto seco, en realidad es un tubérculo. Es una hierba que extraes del suelo y sacas un manojo de vainas en las que dentro te encuentras el fruto.”

La familia de Pedro

Finca La Rosala comenzó a rodar en 2013 únicamente con las manos de Pedro y su mujer Encarni. Pero con el paso del tiempo se fueron añadiendo miembros de la familia a la empresa.

“Yo llevaba haciendo altavoces desde el año 78 y mi mujer trabajaba de secretaria en mi empresa. Cuando descubrimos que podíamos seguir con el proyecto de los frutos secos mi mujer decidió que prefería trabajar aquí”

El hijo mayor, también Pedro, entró por casualidad en la empresa. En 2014 acabó la carrera de Administración y Dirección de Empresas después de haber estado un año en el extranjero. Cuando volvió su padre le ofreció empezar a ayudar en el negocio familiar y al ver que tenía posibilidades decidió empezar su carrera profesional en Finca La Rosala.

El hijo pequeño, Luis Miguel, había empezado a estudiar en la universidad pero al ver que no le interesaba su padre le propuso tomarse un año sabático y empezar a trabajar con ellos. “Al final le encantó y se quedó trabajando con nosotros como chef. Se levanta a las 06:00 de la mañana para aprovechar el precio más bajo de la electricidad, ya que después la tarifa se duplica. Es un auténtico campeón.”

Ahora Pedro trabaja en desarrollo e investigación, Encarni se centra en los clientes y las relaciones públicas, Pedro hijo se encarga de la parte comercial y la gerencia y Luis Miguel es el cocinero y chef de los productos de Finca La Rosala.

Además de los miembros de la familia Pedro necesita algunas manos más para que le ayuden en la cocina y en el proceso de paquetización. En este momento tienen contratada a una persona que ayuda a la poda de árboles además de otra persona que da apoyo en el tueste y el envío de pedidos.

Las instalaciones

Empezaron horneando pistachos en un pequeño horno eléctrico en su casa y ahora mismo cuentan con unas nuevas instalaciones de 250 metros cuadrados y una plantación de 1749 árboles de pistacho.

Pedro nos cuenta que una de las cosas que hacen a sus pistachos especiales es que son pistachos cultivados en La Mancha, un lugar en el que según estudios se da el mejor cultivo de pistachos. Esto es porque en el paralelo de Castilla-La Mancha se dan unas características climatológicas ideales para este cultivo. “Los pistachos que cultivamos son buenos en sabor, tamaño, calidad y apariencia”

En ocasiones no tienen suficiente producción con los pistachos de su finca así que compra a otros productores de la zona porque sabe que el producto es de una calidad muy buena.

Para mantener el producto en las mejores condiciones posibles lo conservan , antes y después del cocinado, en cámaras refrigeradas. “Se almacena todo a 6 grados para que no se reproduzca nada. Nosotros no le echamos conservantes, por eso nos aseguramos de que mantengan todas sus cualidades guardando el producto en cámaras refrigeradas”

El proceso de tueste

El proceso del tueste tiene origen en las recetas tradicionales de Angelito.

Luis Miguel, el hijo pequeño de Pedro, se levanta a las 5 de la mañana para empezar a calentar los hornos y preparar los utensilios, los frutos y las mixturas necesarias. El primer paso es el lavado manual de los frutos para quitar todas las impurezas que pudieran tener y después se escurren. Una vez secos, se les echa la mixtura correspondiente y se remueve hasta que la mezcla esté homogénea.

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Ahora llega el momento más importante, el tueste. Hay que disponer en una bandeja todos los frutos secos para que no quede ninguno sin tostar y después se introducen en los hornos. Este es un trabajo que necesita mucha dedicación ya que el cocinero está pendiente en todo momento de las bandejas del horno para dar la vuelta cada cierto tiempo a los frutos secos para un tueste uniforme. Es Luis Miguel quién decide si los frutos están en su punto óptimo para sacarlos. Finalmente solo queda esperar hasta que templen y puedan pasar a la zona del envasado.

“Al final nos pasamos el día comiendo frutos secos. Es inevitable el pasar cerca del tostado de los frutos secos y no acabar picando”

Pedro y su familia esperan seguir creciendo poco a poco y seguir innovando. Están desarrollando sabores nuevos y una línea de producto ecológico. “Nos dedicamos a crear un producto con una receta del siglo pasado. Un proyecto que lleva 3 años y medio aplicando innovaciones en nuestros productos”

Encuentra todos los productos de Finca La Rosala en la web de Mumumío.