en Entrevistas

  • Las abejas reinas sólo salen dos veces en su vida de la colmena: una cuando son fecundadas por cientos de zánganos a la vez y acumulan esperma para toda su vida y la otra para enjambrar.
  • Las abejas sólo se mueren cuando nos pican a humanos y mamíferos porque tenemos la piel más dura y al intentar sacar el aguijón, se arrancan los intestinos y quedan destrozadas.

En 2009 Atilano Jiménez decidió dar un vuelco a su vida. Hasta entonces su vida siempre había estado ligada a las abejas de una u otra manera pero fue ese año cuando decidió dedicarles todo su tiempo. Se formó como apicultor y en 2015 puso sus propias colmenas cerca de Lezuza (Albacete) y fundó Flor de Alcaraz. “Soy feliz, estoy haciendo lo que me gusta, trabajando por mi cuenta en un entorno natural y, además, estoy ayudando a la polinización y al medio ambiente”.

Atilano se unió a los otros 10 apicultores que se formaron a la vez que él y crearon una cooperativa. Cada uno de ellos tiene sus colmenas pero comparten las máquinas para extraer la miel. Además, también venden juntos toda la producción, comparten gastos e invierten en común para seguir ampliando la cooperativa. “Esto sólo es posible porque venimos de la misma escuela y tenemos la misma mentalidad responsable respecto a la abejas. Cada uno cuidamos nuestras colmenas y las tenemos todos alrededor de Lezuza, sin moverlas para buscar nuevas floraciones”, explica Atilano.

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A día de hoy, Atilano tiene unas 40 colmenas. “Puedes poner cada colmena a medio metro de otras colmenas y no pasa nada porque cada abeja irá siempre a su colmena y no entrará a las demás”, dice Atilano. “Cada año, de manera natural, se duplica el número de colmenas porque nacen muchas abejas y no caben en un mismo sitio. Ellas mismas se dividen en dos partes y una de ellas sale para fundar una nueva colmena. Hay apicultores que no quieren esperar el ciclo natural y compran colmenas a otros apicultores o que están empezando y necesitan comprarlas, como hice yo en 2015”. Las abejas que tiene Atilano pertenecen a la variedad más común en España, la Apis Mellifera. Hay otros tipos pero no producen miel.

Diferencia entre una colmena y un panal

No es lo mismo una colmena que un panal. La colmena es la casa y los panales lo que está dentro de la colmena, la cera donde depositan las larvas y la miel. La colmena suele ser de madera y es donde van todos los panales en los que viven las 50.000 ó 60.000 abejas de una colmena.

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Dentro de cada colmena puede haber 10 ó 12 panales, donde están la miel y las larvas en las celdas. “De cada panal se puede llegar a sacar 3 ó 4 kilos de miel si sacas toda, que es algo que nosotros no hacemos, y de la colmena entera unos 25 kilos”, nos cuenta Atilano. El resto de las abejas están encima de los panales y no se meten en las celdas.

Cuando las abejas superan el número que puede soportar la colmena, enjambran. Esto significa que la colmena se divide en dos y una de las dos partes tiene que irse y fundar una nueva colmena. Cuando esto pasa, la abejas obreras, que son las que controlan el devenir de la colmena, sacan una reina más y la mitad de la colmena se va con ella.

Al salir la mitad de la colmena con la nueva reina, ésta hace su vuelo nupcial que es cuando queda fecundada y se instala con su corte de abejas en otro sitio. “Esto se llama enjambrazón y hay que estar atentos para no perder esas abejas. Las abejas van a enjambrar sí o sí y si no lo has previsto, la colmena se instalará donde pueda y no en una de las colmenas que hayas preparado para ellas. Hay signos de que van a enjambrar como, por ejemplo, que las obreras estén preparando una nueva reina. Esto se sabe porque hay una celdilla mucho más grande y sobresaliente, que se llama realera, que es la que contiene la nueva reina. Entonces tienes que partir el panal ante de que nazca la reina nueva y llevarte la mitad de las abejas a otra colmena que hayas preparado. Aquí hay que tener mucho cuidado de que la nueva reina también vaya a la nueva colmena y también que la nueva colmena la instales a más de 4 km de la antigua porque si no las abejas intentarán volver”.   

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Así es una realera con una abeja reina formándose

Como cada año las colmenas se duplican, hay que tener mucho terreno. Por suerte, al ser una cooperativa, entre todos tenemos unas 20 hectáreas y así podemos ampliar colmenas sin problemas”, dice Atilano. “En realidad, aparte de estar atento a posibles enjambrazones de la colmena, estas no requieren muchas atenciones: que no tengan parásitos o enfermedades, que la reina no se haya muerto, que tengan comida suficiente para pasar el invierno… El trabajo duro es a la hora de cortar los panales y extraer la miel. El resto es más un trabajo de vigilancia”.

Así se hace una colmena nueva

En la naturaleza, las abejas enjambran casi al instante. Empiezan a hacer una bola en una rama de un árbol con la cera que producen con las glándulas cereras de sus patas. Tardarían unos 3 meses en total en hacer una colmena completa. “Hoy en día los enjambres silvestres no suelen sobrevivir mucho tiempo por la varroa, que es un parásito que las mata. Parece que están aprendiendo a quitárselo ellas mismas pero por ahora necesitan ayuda humana para ello y las tratamos cada año para que la varroa no las mate”, dice Atilano, “antes no pasada, este ácaro empezó en Filipinas y se extendió por todo el mundo. Hay quien dice que si no se hubiera tratado a las abejas desde el principio, ellas mismas lo habrían evolucionado para que no les afecte pero la realidad es que tenemos que tratarlas anualmente”.

En las colmenas que tenemos nosotros, que no son silvestres, tenemos la colmena (la casa) preparada y ahí metemos unas láminas de cera de abeja para que el proceso sea más rápido. Las abejas hacen celdillas hexagonales partiendo de esas láminas planas y forman los diferentes panales de la colmena. Así les quitamos trabajo y luego, al ser una estructura siempre igual es más fácil extraer la miel. En las colmenas silvestres, los panales son más retorcidos porque las abejas los construyen a su libre albedrío y costaría más extraerla”, dice Atilano. “Llega un momento en el que la cera de los panales se queda vieja y hay que ponerles láminas nuevas para que vuelvan a construir panales. Esto no se hace a la vez con todos los panales si no poco a poco, para que vayan abandonando los antiguos y se coloquen en los nuevos. Los panales viejos se derriten y se utilizan para hacer láminas nuevas que reutilizan. Es verdad que también hay cuadros de plástico que duran toda la vida pero nosotros preferimos los de cera de abeja porque son más naturales”.  

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Panal silvestre de abejas

Habitantes de una colmena

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Sí, es verdad, en cada colmena hay una reina con 50 ó 60.000 súbditos pero los que mandan y los que cortan el bacalao son las abejas obreras. De hecho, la mayoría de esos súbditos son obreras; siempre tiene que haber muchas más abejas obreras que zánganos. Ellas cuidan a las larvas, hacen miel, alimentan a la reina…

Desde que la reina pone los huevos hasta que se convierte en abeja pasan unas 3 semanas. Primero la larva tiene que romper el huevo, luego en pupa, que son esas abejas blanquecinas que siguen viviendo en las celdillas y ya, después, se convierte en abeja obrera que empieza a limpiar la colmena y a cuidar el resto de las larvas. El zángano tarda unos 29 días en hacerse abeja, por eso son algo más grandes que las obreras.  

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Lo primero que hace al nacer una abeja obrera es cuidar larvas, alimentarlas y limpiar la colmena. Durante sus primeros días de vida, una abeja obrera no sale de la colmena para nada. Cuando ya es adulta, empieza a pecorear, que es cuando sale a buscar néctar. Así hasta los cerca de 45 días que viven si es verano que es cuando más trabajan y se mueren de manera natural. En invierno una abeja, como apenas tiene desgaste por el trabajo, puede llegar a vivir un año.

Una abeja obrera sale a por néctar y vuelve a su colmena. Si quisiera ir a otra colmena, las abejas de la otra colmena la matarían a aguijonazos. Sin embargo, los zánganos, otros de los habitantes de la colmena, pueden ir de una a otra colmena sin problema. Lo hacen para alimentarse en diferentes colmenas (las obreras son las que los alimentan durante toda su vida). Ésta es la razón por la que las enfermedades se transmiten tan rápido entre las colmenas: porque los zánganos van de una a otra colmena y llevan consigo los ácaros, enfermedades y todo lo que haya en su colmena de origen. Si el zángano está sano pero en la colmena a la que va hubiera alguna enfermedad, el zángano se la llevaría de vuelta a su propia colmena e infectaría a sus propias abejas porque siempre vuelven a su colmena. Los zánganos tienen una única misión en su vida: fecundar a la reina en su vuelo nupcial. Su misión es vital para la perpetuidad de las abejas en el mundo.

La reina es la abeja que más vive, una media de 5 años. Además, es la abeja de mayor tamaño de la colmena. Todo esto se debe simplemente a la alimentación: la reina come únicamente jalea real y no néctar como el resto de abejas. “Imagínate la maravilla que es la jalea real que es capaz de que una abeja sea mucho más longeva, ¡hasta 5 años más que una abeja normal!, y sea mucho más grande que el resto, es una pasada”, dice Atilano.jalea-real-flor-de-alcaraz-mumumio

La reina sale de la colmena dos únicas veces en su vida: cuando tiene que abandonar la colmena para enjambrar en otro sitio llevándose consigo a la mitad de las abejas y cuando es fecundada. Entonces es cuando los zánganos cumplen con su objetivo vital. Durante el vuelo nupcial, la abeja reina copula en pleno vuelo y es fecundada por decenas de zánganos no sólo de su colmena sino de colmenas vecinas. Así se evita la consanguinidad en una misma colmena.

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Cuando los zánganos fecundan a la reina, mueren. Esto pasa porque introducen el pene dentro de la reina y al intentar sacarlo, se destripan. Cuantos más zánganos participen en el vuelo nupcial, mejor para la futura colmena que fundará la nueva abeja reina porque tendrá más reservas de esperamas. La reina se carga con más de 5 millones de espermatozoides y así podrá poner unos 2.000 huevos al día durante toda su vida.

La reina puede elegir si poner huevos fecundados, de los que nacerá una abeja obrera (que son siempre hembras), o sin fecundar, que serán los futuros zánganos (que son siempre machos). Esto lo elige en función de las necesidades de la colmena, siempre regida por las abejas obreras que son las que controlan todo.

Cuando las abejas obreras notan que la reina es vieja y no pone suficientes huevos, empiezan a criar una nueva reina, que no es más que una larva de obrera criada sólo con jalea real, ni más ni menos, en lugar de con polen y miel. Cuando ya tienen lista la nueva reina, matan a aguijonazos a la antigua. Cuando las obreras pican a otros insectos no se mueren porque tienen la piel blanda.

La reina no es la única que muere a manos de las abejas obreras. Los zánganos son expulsados de las colmenas por las obreras cuando el alimento es escaso en otoño y suelen morir de frío o de hambre. Las obreras llegan incluso a matarlos a aguijonazos cuando ya no hay ninguna reina vírgen en la colmena y ya no son necesarios. Los zánganos no tienen defensa posible porque no tienen aguijón.

Los zánganos, los machos de la colmena, se desarrollan en celdas más grandes y abultadas que las obreras. Son estas las que, al construir las celdillas eligen cuántas hacen de un tamaño mayor para que la reina deposite ahí los huevos no fecundados que darán origen a los zánganos. Estos aparecen normalmente en primavera y duran hasta otoño, siempre que existan reinas sin fecundar y haya alimento abundante para la colmena. Su esperanza de vida es de unos 3 meses.

Amenazas para las abejas

El parásito que hace estragos entre las colmenas matando miles de ellas es la varroa, que es un ácaro similar a una garrapata pero en diminuto que se agarra al tórax de las abejas adultas y les va chupando la hemolinfa, la sangre de las abejas, haciendo que disminuya su masa corporal”, dice Atilano. También ataca a las larvas de las abejas y sobre todo su ataque se produce en otoño.

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Para luchar contra la varroa, los apicultores dan un tratamiento anual a sus abejas al comenzar el otoño. “Ponemos una tiras dentro de las colmenas con un medicamento que suelta un vapor que mata el parásito pero no afecta a las abejas, así luchamos contra la varroa, no hay otra manera”.

Al día nacen y mueren más o menos el mismo número de abejas, unas 2.000, que se ven afectadas por numerosos peligros además de la varroa como, por ejemplo, por los abejarucos. Estos son un enemigo natural de las colmenas y están protegidos por peligro de extinción. Atacan sólo en verano y se comen muchísimas abejas. “En España los hay por todos lados. Y encima ahora también tenemos en España la avispa asiática que ya está por el norte del país pero que no tardará en ir bajando y ocupar toda la península. De toda la vida teníamos aquí el avispón pero no destruía la colmena sino que sólo mataba algunas abejas para comerse las larvas pero la avispa asiática es mucho más grande y destruye la colmena entera para comerse las larvas y todo lo que pille por delante. Hacen nidos impresionantes y son muy agresivas”, cuenta Atilano.

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Avispa asiática matando una abeja

También están los pesticidas contra las plagas en las diversas plantaciones muy efectivos pero que también matan a todos los demás insectos de la zona, incluyendo a las abejas. “Hay insecticidas que erradican las plagas pero no matan a las abejas pero son más caros y por eso no los utilizan los agricultores”. La eterna pelea entre agricultores y apicultores que afectará al mundo entero si desaparecen las abejas.  

El tipo de miel depende de las flores de las que se alimenten las abejas

Siempre me he preguntado cómo es posible definir una miel como miel de romero o de tomillo si las abejas vuelan libres y pueden coger polen y néctar de cualquier flor del campo. “Está claro que en el campo hay flores de muchos tipos pero normalmente suele haber más cantidad, por ejemplo, de tomillo en flor y, cuando se acaban las flores de tomillo, luego empieza a florecer el romero… Es imposible que haya un 100% de néctar de un tipo de flor pero si hay un 60-70% de una flor determinada, la miel ya se considera de esa flor”, aclara Atilano.

¿Pero cómo haces que las abejas cojan sólo tomillo o sólo romero si en el campo en el que viven hay de ambas plantas? “El romero florece antes, durante el verano y justo después, al final del verano, empieza a echar flor el tomillo. Para poder tener miel de romero y luego de tomillo tienes que estar muy atento a la floración de ambas plantas. Cuando ves que el romero ya no tiene flor y el tomillo empieza a echarla, tienes que cortar en panal y extraer toda la miel de los panales para que las abejas puedan coger libremente el néctar del tomillo y tú tengas miel de ambos tipos bien diferenciada. Si no haces esta maniobra, ya no tendrías ese 60-70% de néctar de romero necesario para decir que es miel de romero sino que tendrías que denominarla miel multifloral porque se habrían mezclado los néctares del tomillo y del romero”, dice Atilano. La miel multiflora es la que antes se denominaba miel “milflores” pero que ahora, por temas legales, ya no está permitido llamarla así.

Otra de las razones por las que la miel de un panal en un campo con un tipo de planta en cantidad será de la flor de esa planta es porque “cuando una abeja empieza a ir a una flor, que normalmente suele ser la que más abunda a su alrededor, no cambia de flor mientras la encuentre. Es decir, mientras encuentre a su alrededor flor de romero, irá al romero. En nuestra zona, en Lezuza, cuando se acaba la floración del romero es cuando cambia al tomillo”, añade Atilano. La miel de romero es la más consumida; tiene un sabor suave y un color clarito, mientras que la de tomillo tiene un sabor más intenso.

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La ruta de las floraciones

Para cambiar el hábito de alimentación de una colmena, habría que plantar masivamente un tipo de flor determinado diferente al que haya de manera natural en la zona de los alrededores de la colmena. Hay que tener en cuenta que son 50.000 abejas dentro de una colmena y tiene que haber alimento suficiente para todas ellas. “Esto no es tan fácil; lo normal es aprovecharse de la floracion natural de la zona en la que tienes las colmenas. Más que plantar alrededor de la colmena, lo que suelen hacer las grandes marcas meleras es mover las colmenas a otras zonas de España siguiendo las floraciones que les interesan”, nos cuenta Atilano. Los trashumantes cargan las colmenas en camiones y las llevan buscando otras floraciones (girasol, naranjo…).

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Los trashumantes de las grandes empresas empiezan su actividad en primavera por el sur de España y luego van subiendo buscando temperatura y las floraciones de diferentes plantas. Aprovechan las noches para moverlas de zona porque las abejas duermen y están todas dentro del panal. Entonces cierran la piquera, que es la puerta del panal, y las cargan con una grúa en un camión y las mueven de zona.

Una vez llegan al lugar elegido, abren las puertas del panal para que las abejas puedan salir y volver a orientarse. “La colmena tienes que moverla mínimo 4 km para desorientar totalmente a las abejas; si no respetas esto, intentarían volver a donde estaba antes su colmena y perderías los insectos porque construirían allí un nuevo panal”, añade Atilano.

Al seguir las floraciones, las grandes empresas consiguen obtener más miel al año ya que sacan hasta 4 cortes al año y encima de diferentes tipos de miel. Sacan miel durante todo el año, a excepción de en invierno, que es cuando las abejas descansan por las bajas temperaturas. Atilano y todos los apicultores de su cooperativa sólo sacan dos veces al año: al final de la primavera y al final del verano.  “Nosotros dejamos tranquilas a las abejas; no queremos explotarlas y por eso no las movemos. De hecho, nosotros sacamos cada vez sólo la mitad del corte del panal y les dejamos la otra mitad para que alimenten a sus larvas. Las abejas comen su miel, por eso la hacen, no la hacen para nosotros. Por eso nosotros somos respetuosos con ellas y con su trabajo, quizás esta opción no es la más comercial pero tenemos una especie de simbiosis con ellas. Nosotros les cuidamos y no las explotamos en ningún sentido y ellas, a cambio, nos dan parte de su miel”.

Las abejas hacen miel para alimentar a sus larvas y también la acumulan para que toda la colmena coma durante el invierno. Las abejas no hibernan pero durante ese periodo no salen de la colmena sino que se quedan agrupadas en una bola hasta la primavera. Siguen activas y comen pero no salen de la colmena; para que salgan al exterior tiene que haber mínimo 14 grados; en cuanto la temperatura baja de esos grados, se vuelven a meter en la colmena.

Durante todo ese tiempo, se alimentan de la miel que han ido guardando y por eso Atilano no les quita toda la miel. Las grandes empresas les quitan toda la miel y luego les alimentan artificialmente con agua y azúcar. Con esto sobreviven y no mueren.

La cooperativa a la que pertenece Atilano es responsable con la naturaleza y respetuosa con las abejas. Por eso su producción es muy limitada y la mayoría de los apicultores, incluido Atilano, tienen que complementar su actividad haciendo quesos, vendiendo huevos de gallina, etc. y así pueden vivir de lo que les hace felices pero en paz con sus conciencias.

Esto es lo que hacen y recogen las abejas: jalea, polen y miel

El bien más preciado de las abejas es la jalea real que producen con su saliva las abejas obreras. La hacen únicamente para alimentar a la abeja reina y la pone en gotitas en su habitáculo. “Para sacar un tarro de jalea real hace falta muchísimo trabajo de miles de abejas. Además, no podemos quitar a la reina toda la jalea real, así que se tarda mucho en recogerla, además del esfuerzo. Por esto, casi el 99% de la jalea real que se vende es de china”, nos cuenta Atilano. “La jalea real es cremosa y de un color blancuzco casi amarillento. No tiene casi nada que ver con la miel porque tiene un sabor ácido y casi picante. Vamos, que no es un manjar para el paladar pero tiene muchísimos beneficios, fíjate en las abejas reinas”.

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“El polen también lo sacamos de la colmena y éste sí que se coge en España. Lo cogemos con trampas. Ponemos estas trampas unos días sí y otros no para no dejar sin comida a las larvas y consisten en cerrar la piquera (la puerta de la colmena) y que las abejas tengan que presionar la trampilla para entrar en la colmena a dejar su cargamento. Es entonces cuando rozan sus patas con la trampilla y cae el polen de las bolsitas que tienen en ellas.

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Las abejas, además, producen miel con el néctar que chupan de las flores.

Cómo se hace la miel

El néctar, que es con lo que luego hacen la miel, lo absorben de las flores y lo llevan en el estómago y se lo van pasando de una abeja a otra hasta que hacen la miel y entonces la depositan en las celdillas. Una vez que han metido la miel en las celdas, le van sacando el agua poco a poco y, cuando ya se la han sacado toda, sellan la celdilla con cera. “El néctar es un 80% agua y la miel es un 80% azúcar, así que le sacan todo el agua y sellan el panal con el sello opérculo, que es como sellan los panales para guardar la miel para el invierno, y cuando lo hacen ya la podemos consumir nosotros. Si sacas la miel de panales que no están sellados, cuando la analizas, Sanidad te rechaza el lote porque no es apta para el consumo. Está prohibido vender esta miel para consumo directo pero sí que se puede vender para repostería. Es más económica porque tiene menos miel y mucha agua”, dice Atilano.

Para abrir la colmena y coger los panales, los apicultores utilizan humo. Esto tiene una explicación: cuando las abejas detectan un incendio, su instinto les hace meterse a comer dentro de las celdillas porque saben que será época de escasez. “Así no te pican cuando sacas los panales. Siempre hay algunas que se defienden ante el ataque y pican el traje protector que llevamos pero no mueren porque no pueden clavar el aguijón en el traje”.

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Una vez tienes el cuadro de panal, sacamos la miel en una centrifugadora, que es nuestra única ayuda mecánica, que da vueltas igual que una lavadora, lo que hace que la miel vaya hacia las paredes y caiga al suelo de la máquina. Luego los panales vacíos los devolvemos a la colmena y las abejas vuelven a utilizarlos. Las abejas no extrañan pero conviene saber de qué colmena era cada panal porque sí que es verdad que cada una tiene un olor diferente. De todas maneras, equivocarse de colmena al devolver un panal no es grave porque en unos días igualan los olores”, nos cuenta Atilano. Una vez se ha centrifugado, se deja reposar la miel para separar impurezas y se envasa.

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Gracias al bajo contenido en agua, la miel es un alimento que se conserva a si mismo. Esto permite que la podamos conservar durante largos periodos de tiempo, igual que hacen las abejas en sus panales almacenándolas para el invierno o para épocas de escasez de flores. “Legalmente se marca un consumo preferente de dos años pero bien conservada en un sitio fresco podríamos tomarla hasta 25 años después sin problema”, señala Atilano.

Por debajo de los 13 grados, la miel empieza a cristalizar. “Éste es un proceso natural que se debe a su alto contenido en azúcar y no quiere decir que la miel esté en mal estado. Si la temperatura vuelve a superar los 14 grados, volverá a su estado líquido”. Para cambiar la miel de sólido a líquido basta con aumentar la temperatura. “Toda la vida la hemos puesto al baño María pero yo aconsejo ponerla el mínimo tiempo posible porque con temperaturas por encima de los 40 grados se destruyen una parte importante de los nutrientes que contiene. Si hay que hacerlo que sea siempre con fuego al mínimo”, aconseja Atilano.

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Miel cristalizada y sin cristalizar

La gran diferencia, más allá de los sabores es si la miel ha sido calentada, es decir, si la miel es cruda o no. “Las grandes empresas, que suelen tener unas 3.000 colmenas, sólo recogen la miel y luego la venden a una envasadora en bidones de 300 kilos. Ahí la guardan hasta que el mejor momento de cotización de la miel en el mercado y entonces la venden. Lo que pasa es que para entonces la miel, por las temperaturas, se ha cristalizado, así que el envasador la calienta para poder dividirla en frascos y venderla. En este proceso, al calentarla por encima de los 40 grados, la miel pierde nutrientes. Sigue estando buena y dulce pero ya no es miel cruda. Para comprar miel cruda tienes que ir a un apicultor; toda la miel que puedas encontrar en un supermercado es miel calentada”, se queja Atilano.

En Flor de Alcaraz se puede encontrar miel cruda y miel que ha sido calentada sólo hasta los 37 grados. Ésta no se puede considerar cruda pero sí que conserva todas sus propiedades. Atilano avisa: “En España de cada 4 kg de miel que se vende, 3 son de procedencia china. La española la exportamos a UK, Francia o Alemania porque es más cara. De hecho, la empresa envasadora no tiene obligación legal de poner en el etiquetado de dónde viene la miel y China no tiene los mismos controles sanitarios que España o que el resto de países de la Unión Europea. La que viene de China y la que se envasa en botes antigoteo la han calentado a más de 70 grados para evitar que cristalice en ningún momento. Con esto lo que hacen es romper la molécula del azúcar y por eso no cristalizará nunca pero tampoco estarás comiendo miel con sus nutrientes a pesar de que el sabor puede ser bueno”. Esto lo hacen para que la miel siempre sea fluida y sea más fácil de usar en el día a día. Para que el sabor nos parezca igual siempre, mezclan varios tipos de mieles.

Siempre nos quedará la esperanza de los pequeños apicultores, responsables con el medio ambiente y con las abejas, a los que podemos comprar miel sin perjudicar a estos insectos.